Kindle: ¡sorpresa!

Me acaba de llegar una carta de un amigo. La parte más interesante es la siguente:


He conseguido llegar al parque con mi caja bajo el brazo sin que nadie me detenga. El trecho ha sido largo, menos mal que saqué antes todas las pastillas de jabón. Planto la caja en el primer sitio plano y sin piedras a la vista que encuentro, me subo y grito: “¡Me gusta Kindle!”.

Kindle

La mitad de los que hay allí me miran con furia. Saben de lo que hablo y no se lo pueden creer. Indignados, buscan entre la hierba algo que poder tirarme. “Menos mal que fui previsor”. Frustrados, se largan a otra parte. No sé si el resto del auditorio tiene la más remota idea de qué es Kindle o, simplemente, están demasiado asustados para moverse. Aprovecho su perplejidad para continuar con mi arenga, antes de que recuperen el control de sus cuerpos.

“¡Compatriotas, el libro ha muerto!”.

“¡ESO NO TE LO CREES NI TÚ!”, me espeta uno de ellos. Tras meditarlo un momento llego a la conclusión de que tiene razón. Sus argumentos me han convencido. Me bajo de mi caja, la cojo con cuidado y emprendo el camino de vuelta a la celda. Espero no haber cogido frío.

Estoy pensando qué decirle a mi amigo. Lo primero, que no se puede salir en pijama al jardín.

Yo lo tengo claro, Kindle es un cacharrito interesante. Uno de los primeros a la venta en utilizar tinta electrónica, lo que puede abaratar los precios de otros dispositivos similares, aún por venir. Utiliza la red de telefonía móvil de una manera bastante interesante que puede abrir puertas a muchas otras aplicaciones. Aunque también tengo claro que no me lo compraría tal y como es ahora.

Sí que lo aceptaría como regalo. Lo dejó caer, por si alguien quiere darme una sorpresa.

Posible retraso

Llevo tres semanas esperando con impaciencia la llegada de mi nuevo portátil. No es que hayan tardado todo ese tiempo en enviarlo, ya os contaré con detalle. El caso es que la agencia de transporte proporciona, como muchas otras, una página para hacer el seguimiento del pedido. El portátil salió ayer de Madrid para entrega a las 17:44. Me las prometía muy felices hasta que he vuelto a visitar la página de seguimiento y me he encontrado con esto:
Posible retraso
Debe haber otro Cáceres allí arriba.

Me da a mí que no llega hoy…

Actualización: me apropio, sin su permiso, del mensaje que me ha enviado la persona a través de la que he comprado el portátil. Viene a decir algo así:

Muy buenas.

Tú sabes perfectamente que eso de “posible” es sólo un eufemismo.

Después de ponerme en contacto con la empresa de transporte y hablar con casi todos los departamentos, la historia es la siguiente:

  1. Efectivamente, el bulto hace el camino por tierra, mar y aire de forma impecable desde el lejano Oriente hasta Madrid, y es aquí donde la cagamos.
  2. Un error informático (dicen) manda el bultito a Vigo. Como si el ordenador hubiera cogido el equipo y lo hubiera subido al camión.
  3. Tengo la pretensión de estar el lunes en la playa y hasta el jueves. Por ese motivo me preocupo por el tema.
  4. Hablo con ellos y les digo que necesito con urgencia la mercancía mañana aquí. Me dicen que no me preocupe, que el lunes sin falta me la entregan. No han entendido el concepto de urgencia.
  5. Les digo que lo quiero mañana y corriendo me hacen saber que sin problema, pero que debo llamar a otro departamento.
  6. En el nuevo departamento me dicen que se puede entregar mañana en Cáceres en un servicio Express y me pasan una cotización que ronda los 120 euros para esa entrega.
  7. Me da la risa: pagar 120 euros como castigo a que me entreguen con dos días de retraso.
  8. Me dicen que no me preocupe, que me ponga en contacto después con otro departamento para contar el tema y solucionar la devolución de ese importe.
  9. Bueno, en realidad hay muchos más puntos, pero me los salto y te digo lo que he decidido.
  10. Me voy a poner de nuevo en contacto con ellos para cambiar la dirección de entrega. De forma que el lunes te entreguen en tu domicilio el portátil viajero.
  11. Si te parece bien, dame tu dirección y arreglo el tema.
  12. ¿OK?

Pues de acuerdo. Espero no tener que actualizar más esta entrada y que el lunes os pueda enseñar mi nuevo portátil.

"L-A-S-E-R"

Germán me ha regalado un cachivache de lo más divertido: un lápiz óptico.
Lápiz óptico
No sé si llamarlo así es correcto o no. Viene a ser como un ratón con forma de lápiz. Además, incorpora un puntero láser, lo que lo hace especialmente indicado para presentaciones.

Lo que me faltaba.

Enchufarlo y ponerse a funcionar ha sido todo uno, muy fácil. He tardado poco en dar lo mejor de mí mismo:
Saludos, enreas¡Frena!¡Tiembla, Luca!

Hoy, para cenar…

Welcome to the Future…me como mis palabras. Ayer dije que, probablemente, nunca sería usuario de productos Apple. Después de ver el iPhone me lo estoy pensando. Aunque me sigue pareciendo igual de caro que el resto de productos de Apple.

A partir de ahora se sucederán los sesudos análisis, las loas de los partidarios y el desprecio por parte del resto. Quiero destacar lo que Ron Gilbert ha dicho sobre este nuevo teléfono móvil:

El nuevo iPhone de Apple es lo más parecido que he visto a lo que me han estado prometiendo durante los 30 años que llevo leyendo ciencia ficción y deseando vivir a bordo de la Enterprise.

A lo que sólo puedo añadir: “Beam me up, Steve!“.

Prototipo híbrido Windows/Linex

Mi amigo Víctor me ha enseñado el prototipo de un ordenador que está diseñando y me ha dado permiso para que os lo muestre. Se trata de algo muy original. No soy ningún early adopter (más que nada porque no me lo puedo permitir), pero haría un esfuerzo para conseguir uno antes que nadie:

Inventos - un ordenador


Esta lleno de esos detallitos que te dejan con la boca abierta, como el botón para cambiar de Linex a Windows (y viceversa) o una tecla Intro que se puede pulsar a cabezazos.

Me gusta. Me gusta mucho.