
Vi estos pantalones en los almacenes Century 21, en New York. No me los compré.
Más nombres desafortunados aquí.

Vi estos pantalones en los almacenes Century 21, en New York. No me los compré.
Más nombres desafortunados aquí.
Me la han regalado, pero me hubiese gustado emular a Magic Andreu y regalármela yo mismo:

Si quieres más detalles, aquí tienes el texto y aquí, la medalla.

Y sin USB.
Actualización: inspirado por un comentario de un lector, esta entrada ya no se titula “Avances en tazas para mantener el café caliente”.
Revisando mi polvorienta biblioteca me he encontrado con este fragmento del pasado:

Vaya, qué buena idea.
Lee enreas.com porque:
Te enseñará por qué incluso
Pedro Jorge Romero,
que no tiene otra relación con este blog salvo ser fuente de inspiración para el que suscribe, es también un enrea de marca mayor, y por qué
Enrique Dans,
que no tiene ni la menor idea de que estoy utilizando su nombre (y me consta porque no lo ha dicho en su Twitter) preferiría colaborar antes en el blog de Carmen Calvo que en el mío, y por qué
Microsiervos,
que, aunque cuando me ofrecí a colaborar con ellos me dijeron que tenían otros candidatos más interesantes y contrataron a cron (que ni siquiera es un ser humano), siguen gustándome un montón, y por qué
Justin Frankel, Michael Manring y Ramón Trecet,
son tres tipos admirables (uno de los cuales participará dentro de poco en este blog) y les menciono porque me da la gana.
No sé si servirá de algo, pero por intentarlo… Aunque ahora que lo pienso, ¿qué estoy promocionando? Ni siquiera tengo publicidad aquí. Oh, esfuerzo fútil.
¡Vaya día! Primero El Paladar de Felisa y, para cerrarlo, ¡sushi! Eso sí, del Carrefour. Te lo haces tú mismo:

Sólo tienes que comprar el relleno aparte. Y si te gusta mucho la salsa de soja, pues un botecito, para mojar. Ha sido la primera vez que comemos sushi relleno de salmón ahumado y mayonesa Hellmann’s (soy un sacrílego, lo sé):

Tengo que seguir practicando.
Un consejo, ¡tira el wasabi lejos! Luego no digas que no te avisé.
Germán me ha regalado un cachivache de lo más divertido: un lápiz óptico.

No sé si llamarlo así es correcto o no. Viene a ser como un ratón con forma de lápiz. Además, incorpora un puntero láser, lo que lo hace especialmente indicado para presentaciones.
Lo que me faltaba.
Enchufarlo y ponerse a funcionar ha sido todo uno, muy fácil. He tardado poco en dar lo mejor de mí mismo:

¡Tiembla, Luca!